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REFLEXIONES
Acostumbrar
a nuestros niños desde pequeños a realizar actividades fuera
del horario escolar no sirve sólo para llenar las agendas y
mantenerlos ocupados sino también, para que ellos
encuentren una fuente de bienestar constante que los
acompañará durante toda la vida.
Cualquier
momento se presenta como una buena oportunidad para que los
padres puedan comenzar a incentivar a aquellos niños que les
cuesta más las actividades extracurriculares, a encontrar un
programa o arte que sea beneficioso o ideado para
desarrollar sus talentos más escondidos.
Muchos niños
prefieren hoy, la televisión o los juegos electrónicos a ir
a una clase donde se encuentren con amigos y estimule su
desarrollo. Es un gran desafío para los padres poder
encontrar, de esta manera, un programa que los acompañe
durante todo el año y que mantenga a los hijos motivados y
alegres.
El
aburrimiento siempre aparece como el gran enemigo y se
presenta como la perfecta excusa para dejar de realizarlo.
Por este motivo, tanto el deporte como las artes, son una
escuela de valores para la vida, ya que enseñan actitudes
positivas como la importancia de compartir, la constancia de
participar, la división de tareas, o la idea de trabajar en
conjunto para lograr un objetivo en común.
Las
actividades, además de facilitar la comunicación, la amistad
y diferentes destrezas corporales según lo que se escoja,
estimulan el orden, la rutina y la disciplina desde
pequeños. Y aunque, a veces, conseguir los buenos hábitos en
los niños cuesta, ellos vivirán un gran centro de estímulo y
atención que les aumentará su autoestima, desarrollando las
diferentes destrezas que poseen de una manera innata.
Los niños,
además de aprender, deben gozar, divertirse y aprovechar la
infancia en su máximo potencial. Escuchar lo que les gusta y
guiarlos es nuestra tarea, aunque sea un poco diferente al
“súper ídolo” que proyectamos en sus personas. Dejarlos ser
ellos mismos es muy importante.
El ballet
ayuda a obtener control del cuerpo, fortaleciendo los
músculos y ayudando en la coordinación de los movimientos.
Además de la habilidad de trabajar en equipo, los niños
disfrutan de las clases y van aprendiendo sobre motivación,
perseverancia y constancia.
El objetivo
que se busca es mágico al ver la obra final y el valor de su
propio esfuerzo y trabajo.
Las clases
pueden comenzar a partir de los tres años de edad, con
movimientos de coordinación y dinámicas de juego,
movimientos básicos y aprendizaje generalizado.
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